viernes, 19 de septiembre de 2008

Crisis política en Junín

La crisis nacional ha hecho estallar en pedazos la superestructura política de Junín. Para enfrentar la crisis de las cuentas municipales, el intendente Meoni (cobista) había solicitado hace meses al Concejo Deliberante un aumento de las tasas del orden del 20% (ver "Meoni prepara un impuestazo" en Prensa Obrera Nº 1.046).
Sin embargo, el impuestazo no prosperó. Meoni no tiene mayoría absoluta en el Concejo. Debido a la oposición de los bloques del kirchnerismo, el duhaldismo, el MID y la Coalición Cívica, la iniciativa quedó empantanada.

Escándalo

El miércoles 3 de septiembre estaba planificada una nueva sesión del Concejo, luego de los fracasos anteriores. La burocracia que domina los gremios municipales encolumnó a los sindicatos detrás de Meoni, que necesitaba la plata para aumentar los salarios. Cuando recibieron a los concejales opositores con gritos, bombos y una lluvia de huevazos, Adrián Feldman (oficialista), presidente del Concejo, decidió levantar la sesión y presentar su renuncia.
El escándalo derivó en una fractura de la camarilla de Meoni. Feldman no tardó en explicar que "el intendente deberá ver quién lo rodea en el gabinete porque hay gente que no está a la altura de las circunstancias. Me refiero a la Secretaría General (Damián Itoiz) y a la Secretaría de Gobierno (Mauro Gorer)" (Democracia, 4/9). En la misma dirección se pronunció el concejal oficialista Roberto Bay.
Meoni salió al cruce de las declaraciones. Dijo que "el secretario de la Presidencia (Oscar Parrilli) está trabajando activamente, recibiendo a concejales de este municipio, en una clara campaña por desestabilizar nuestro gobierno" (ídem).

Feldman-Cobos

La oposición salió a defender a Feldman. Andrés Rosa (duhaldista) sostuvo que su renuncia "es un retroceso". Ricardo Petraglia (MID) señaló que Feldman "se ha visto desbordado (...)". En otras palabras, la oposición le pide a Feldman que mantenga su puesto como presidente del Concejo Deliberante y se convierta en un Cobos de Kirchner.
Finalmente, la renuncia de Feldman fue rechazada y su ratificación celebrada como un gran triunfo por parte de la oposición (Democracia, 9/9).
El acuerdo con los municipales

Mayor incluso que la crisis de Meoni, era entonces la de las burocracias municipales que, con una posición reaccionaria ("que aumenten las tasas así nos aumentan los salarios"), habían llevado a sus trabajadores a una situación sin salida. Rápidamente, el intendente salió en su auxilio y les otorgó el esperado aumento salarial del 20% en cuotas, agregando un 10% más a cobrarse en diciembre como adelanto salarial del 2009, justo cuando la bronca de las bases amenazaba por quebrar las maniobras burocráticas para evitar una huelga general de los municipales. Acto seguido, Meoni declaró que "Esto tendrá como contrapartida el recorte en otras acciones de gobierno porque no hay otra manera de hacerlo. Posiblemente haya obras que deban ser postergadas y suspendidas, entre otros recortes y ajustes de partidas presupuestarias" (Ídem).

Lucha de estatales contra el robo Scioli al IPS

En paralelo a la crisis política, se desarrollaron importantes asambleas de trabajadores convocadas por distintas direcciones burocráticas (CTA, ATE, judiciales, SUTEBA y UDEB-FEB, cuyas bases vienen de rechazar el aumento docente de Scioli) y por bancarios autoconvocados del Bapro, que denunciaron aprietes por parte de la dirigencia local (Democracia, 5/9). Estas asambleas se pronunciaron en contra del robo de Scioli al IPS y convocaron a una multitudinaria movilización de más de 500 personas, una cantidad impresionante para la localidad. El dato curioso de la marcha fue la participación activa (y ovacionada) de chacareros autoconvocados, del presidente de la Sociedad Rural local y de todo tipo de figurones políticos, que aplaudieron con ganas cada crítica que se realizaba al gobierno de Scioli.

Ni golpes ni autogolpes

De esta forma queda planteada en Junín una perspectiva de conspiraciones 'destituyentes', golpes y autogolpes. Esto, en el marco de sucesivos ataques a las condiciones de vida de las masas trabajadoras. Se encuentran en marcha luchas de docentes, estatales, médicos, bancarios y judiciales, que paralizaron la ciudad las últimas semanas.
Llamamos a todas las organizaciones sindicales, sociales y políticas a rechazar los impuestazos a la población, y a pronunciarse por un sistema de impuestos progresivos y elevados a las grandes fortunas y a los pulpos capitalistas, que financie un salario equivalente al costo de la canasta familiar para los municipales. Más que nunca, es el momento para luchar por desarrollar una alternativa obrera y socialista, independiente a los bandos patronales en disputa.

Poner al IPS bajo control de los trabajadores

Todos los gobiernos han echado mano a los fondos del Instituto de Previsión Social (IPS) para financiar el déficit de la cuenta provincial. Scioli quiere emitir un bono para -dice- transparentar la transferencia. Ocurre que las finanzas provinciales están en rojo. Estamos frente a una virtual cesación de pagos. La deuda pública provincial asciende a 12 mil millones, es decir que ha superado los niveles que alcanzó durante la bancarrota de 2001 y 2002.
No tiene nada de exagerado decir que estamos en presencia de bonos basura, que nacen devaluados; si el IPS tuviera necesidad de fondos, deberá desprenderse de estos títulos, lo cual acentuará su desvalorización. Se repite lo que ya viene sucediendo con los fondos de jubilación privada. En lugar de seguridad social, estamos en presencia de un sistema que condena a la inseguridad a todos los trabajadores. Si tenemos presente el actual cuadro de crisis y bancarrota capitalista internacional, resulta obvio que la masa de recursos dirigida a financiar a los jubilados está destinada a convertirse en un fondo de pérdidas para rescatar al capital en quiebra.
Este panorama pone a la orden del día la necesidad de la intervención directa de los trabajadores. La preservación del valor de los recursos acumulados plantea, en primer lugar, el control de los trabajadores.
La cuestión de la inversión de esos fondos debe ser objeto de una deliberación colectiva y es inseparable de una discusión social de conjunto. El excedente de las cajas debería integrarse a un plan de transformación integral de la provincia y del país, pero sobre nuevas bases sociales. El superávit del IPS y de la Anses pasarían a formar parte de un fondo de inversión al servicio de un plan económico independiente, dirigido a atender las necesidades populares y cuya ejecución debería ponerse en marcha por medio de la gestión y control de los trabajadores.

Scioli al asalto de los jubilados

Daniel Scioli quiere cubrir parte del déficit provincial con la plata de los jubilados provinciales y con el vaciamiento del Instituto de Previsión Social (IPS), y así justificar un ajuste y reforma del sistema previsional en su conjunto, aumentando la edad jubilatoria y achicando los haberes. Para eso, mandó a la Legislatura un proyecto de ley de "Ordenamiento Financiero Previsional" con varios objetivos.
1) Blanquear los desvíos del superávit del IPS, ya hechos en forma ilegal. Se habla de 1.000 millones de pesos.
2) Meter más la mano en el IPS con un bono que podría llegar hasta los 2.000 millones, "con plazo de vencimiento superior a un año" (artículos 12 y 26). Scioli quiere hacer lo mismo que Cristina con la Anses, agravado: porque mientras la Anses le presta al Tesoro a un año, a tasas ridículamente bajas, Scioli quiere enchufarle Bonos a 3, 5, 10 ó 20 años, también a tasas bajas, para licuar por completo los fondos previsionales.
3) Incorporar al IPS las cajas jubilatorias deficitarias de la Policía y del Banco Provincia, de manera que el banco y la provincia dejen de financiarlas, ya que quedarían absorbidos por el IPS.
4) Ratificar el acuerdo firmado por Solá con Kirchner, en 2004, por el cual la provincia debe "armonizar" el sistema previsional con el nacional. Esto es, subir la edad jubilatoria, adecuar la movilidad a la nacional (arts. 5, 10, 16 y 21).
5) El IPS y las cajas del Bapro y Policía pasarán a integrar el Subsistema de Administración Financiera en Materia Previsional de la Provincia. Con esto pierden su autonomía y quedan subordinadas a lo que decidan el Ministerio de Economía y el Presupuesto Nacional (artículos 2 y 3). El órgano rector de dicho subsistema será el IPS de Buenos Aires, confirmando la pérdida de su autarquía (artículo 4).
6) Se autoriza que la Ley de Presupuesto fije "el tope presupuestario para las transferencias y anticipos del Tesoro a los regímenes previsionales deficitarios" (artículo 13). Es una variante de la Solidaridad Previsional de Menem y Cavallo porque condiciona el pago de los beneficios a lo que se establezca en el Presupuesto y desaparece la garantía constitucional de que el Estado provincial responde por los beneficios previsionales.
7) Para acceder al financiamiento del déficit, las cajas "deberán cumplir metas de gestión". "Dichas metas deberán ser aprobadas por el Poder Ejecutivo con la intervención del Ministerio de Economía" (artículo 17).
Después de todo esto, Scioli, su ministro de Economía y el titular del IPS, Stahlberg, dicen que el proyecto del gobierno "no es una reforma previsional".
No, es peor que una reforma. Porque es una sustracción de fondos y coloca a todo el sistema jubilatorio de la provincia en manos del Ejecutivo provincial.

BOLIVIA: a pesar del acuerdo, la crisis sigue

En la noche del martes 16, después de reunirse varias horas con el vicepresidente García Linera, el derechista prefecto de Tarija, Mario Cossío, se retiró sin haber llegado a acuerdo alguno, mientras Rubén Costas, prefecto cruceño, anunciaba que el diálogo quedaba suspendido mientras permaneciera preso su colega de Pando, Leopoldo Fernández, responsable de la masacre de campesinos en ese departamento amazónico.
Sin embargo, a última hora se anunció que las negociaciones proseguían y que habría una nueva reunión el jueves 18, aunque Fernández sigue detenido. Esas idas y venidas indican el aparente laberinto en que se encuentra la situación boliviana.
En principio, hasta la semana anterior la derecha se negaba a cualquier diálogo, aunque Evo Morales manifestaba cada día su predisposición a discutir un acuerdo. Eso cambió abruptamente y hasta Costas, que hablaba de la "tiranía indigenista", ahora dice "nuestro presidente" cuando se refiere a Morales.
Esto es: el avasallamiento prepotente de la derecha, con sus bandas armadas que tomaban y destruían edificios públicos, y la sedición de los "cívicos" en 5 departamentos, encontró su límite preciso en el levantamiento popular que cercó Santa Cruz con bloqueos de caminos y, en esa misma ciudad, defendió exitosamente -piedras contra balas- la barriada popular Plan 3000 (véase nota en página 15), por citar sólo un par de ejemplos.
Esa resistencia popular acentuó la crisis producida en la derecha por la victoria aplastante de Morales en el referendo revocatorio y la importante votación (40 por ciento) lograda por el presidente en las fortalezas de sus enemigos, incluido su triunfo en Pando, gobernado por la derecha.
La derecha, por lo tanto, va al diálogo en contra de su voluntad y de sus intenciones iniciales, después de haber fracasado en sus intentos de romper militarmente el cerco a Santa Cruz: "El fin de semana se registraron graves enfrentamientos cuando jóvenes autonomistas intentaron romper el cerco a 51 kilómetros de Santa Cruz, levantado por seguidores del MAS, que respondieron con dinamita" (El País, 16/9). El cerco prosigue hasta hoy y esos dinamitazos forzaron a la derecha a sentarse a negociar. La dinamita y la movilización, no las invocaciones de la Unasur reunida en Chile -que sirvieron para presionar a Morales y no a los derechistas, con Lula a la cabeza.
Pero ¿se trataba de negociaciones?
Evo negocia su propia Constitución
Respaldado por la Central Obrera Boliviana (COB), que va así del sectarismo (voto en blanco, abstencionismo) a la claudicación, Morales acordó con Mario Cossío la postergación del referendo que seguramente iba a dar un respaldo contundente al texto constitucional aprobado en Oruro. Si ese acuerdo se impone, durante el próximo mes se discutirán modificaciones a la nueva Constitución, "puntualmente en lo que dice sobre la posesión de tierras, el capítulo más doloroso para agroindustriales y latifundistas de las tierras bajas orientales" (Página/12, 16/9).
Morales declaró que tiene "permiso de los movimientos sociales" para acordar esos cambios con la derecha, aunque no dio el nombre de quienes le extendieron semejante autorización. Trata de encubrir una capitulación invocando a su propia base social.
Lo que resulta claro, sin embargo, es que numerosos ‘movimientos sociales' manifestaron su oposición al acuerdo con la derecha y a cualquier modificación constitucional. Lo hicieron la Confederación de los Pueblos Indígenas de Bolivia, cuyo presidente, Pedro Nuny, está clandestino en Santa Cruz; la Federación Nacional de Mujeres Campesinas Bartolina Sisa, la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia y la Confederación de Colonizadores de Bolivia. Todas esas organizaciones fueron redactoras de la nueva Constitución.
En el mismo sentido se manifestó el Jiliri Apu Malku (jefe o cacique) del Consejo Nacional de Markas y Ayllus del Qollasullo, Elías Quelca Mamani: "No permitiremos que se mueva ni un punto ni una coma de la Constitución aprobada en Oruro. El gobierno y la Media Luna nos están raleando a las organizaciones de sus reuniones, en las que pedimos participar. Les advertimos que si tocan la nueva Constitución, van a tener problemas".
Como se ve, Evo Morales comete el peor de los crímenes en este momento, un acto suicida: intenta dividir a la masa campesina para llegar a un acuerdo con la derecha que él mismo califica de "fascista, racista y golpista".
El papel de Lula y la Unasur
"Ceder no es señal de debilidad y los conflictos nada resuelven. Nuestros pueblos no tienen nada que ganar con confrontaciones estériles", le dijo Lula a Evo Morales el 18 de julio, cuando se encontraron en Riberalta (Perfil, 14/9). He ahí el papel clave jugado en la crisis boliviana por Lula. Pero como no era Morales quien provocaba la crisis sino la derecha, pedirle que evitara el conflicto sólo significaba exigirle la capitulación ante la derecha. Esto es, no avanzar en modo alguno. Con esa idea fue Lula a la reunión de la Unasur en Santiago de Chile.
A tal punto la política de Lula consistió en presionar a Morales que, en principio, Evo rechazó el viaje a La Paz de una delegación "mediadora" de Brasil, la Argentina y Chile."Nunca vi al presidente tan preocupado por un tema como por éste de Bolivia", dijo el ministro de Medio Ambiente brasileño, Carlos Minc.
Lula, por cierto, tiene motivos para preocuparse por la crisis boliviana. El parque industrial de San Pablo recibe de Bolivia buena parte del gas que consume y, no debe olvidarse, Lula actúa en representación de Petrobras antes que del Estado brasileño. De ahí que lo desvele la estabilidad política boliviana. Además, es una falacia que él pretenda actuar de mediador. Él no va a mediar, va a defender los intereses de su pulpo petrolero.Entretanto, la movilización popular no cesa a pesar del gobierno. Al atardecer del martes 16, dos mil cooperativistas y otros tantos obreros mineros comenzaban a concentrarse en Cochabamba con el propósito de marchar hacia Santa Cruz, mientras el cerco sobre esa ciudad empieza a producir escasez de alimentos y combustibles. Y cuidado, porque "el ejército ha movilizado tropas y tanques con el fin de despejar piquetes que grupos favorables al gobierno de La Paz han armado en torno a esta ciudad y que la aíslan del país" (Clarín, 13/9). No sea que el ejército intente hacer aquello en lo que fracasaron las bandas fascistas.
La derecha en crisis retrocede; se ha visto obligada a negociar aunque uno de sus principales cabecillas está preso, pero sin abandonar en lo más mínimo la intención de poner bajo su control el régimen de la tierra en sus departamentos. La gran fortaleza potencial de esa derecha está en las vacilaciones del Palacio Quemado. Por ejemplo, el ministro de Gobierno, Alfredo Rada, cuya renuncia pide la COB, comparó a manifestantes pro-gubernamentales en La Paz, que pedían armas para enfrentar a la derecha, con los fascistas de la Unión Juvenil Cruceñista porque, según él, unos y otros quieren la guerra.
Como quedó dicho, la crisis lleva al primer plano la cuestión de las cuestiones: la dirección política del pueblo explotado.

Más allá del colapso capitalista

Un par de ediciones atrás tuvimos la oportunidad de advertir acerca de las limitaciones insalvables de la tesis del editor principal del Financial Times, Martín Wolf, para quien la intervención del Estado como recurso último ante la crisis constituía "una ley de hierro" capaz de prevenir una desintegración de la economía capitalista. Este mismo señor, el lunes pasado, en el mismo diario, no tuvo reparo en admitir que "el valiente nuevo mundo del sistema financiero de los Estados Unidos se está disolviendo ante nuestros ojos".

Todo lo sólido se desvanece en el aire

Sencillamente, tres de los cinco bancos de inversión que forman parte de la jerarquía superior del capitalismo (Bear and Sterns, Lehman Brothers y Merril Lynch) han dejado de existir -en tanto que los dos restantes, Goldman Sachs y Morgan Stanley-, ya están ocupando las antesalas. Una aseguradora multipropósito, AIG -con deudas superiores al billón de dólares- era puesta en la sala de terapia intensiva con escasas posibilidades de supervivencia. Nada menos que el Citibank -‘enterrado' con créditos incobrables en el quebrado Lehman Brothers, por valor de cerca de 200.000 millones de dólares-, buscaba asociarse con otro de gran porte y aun mayores problemas, el Wachovia, para intentar un salvataje de a dos. Una buena parte de los bancos regionales norteamericanos se encuentran en las vísperas de la quiebra, pero el organismo encargado de asegurar a los depositantes se ha gastado la mayor parte de los recursos para esa faena. Esto implica la perspectiva de un ‘corralito', al menos parcial, en los Estados Unidos -algo que ya están haciendo algunos Fondos monetarios (prestan a corto plazo), que manejan unos 3,5 billones de dólares. Pero donde la "ley de hierro" sufría su más duro golpe era en el anuncio del Tesoro norteamericano de que emitiría letras financieras para reforzar la capacidad de acción del Banco Central, la Reserva Federal. En otras palabras, la Reserva Federal se estaba quedando sin municiones para seguir socorriendo a los bancos con problemas y todavía más para rescatar a los bancos sin salida. Se estima que el Banco Central ha gastado ya más del 60% de las reservas de su balance -sustituyendo Letras del Tesoro norteamericano por títulos sin valor de los bancos en dificultades. Titulamos el número anterior de Prensa Obrera, "los yanquis en default", sólo para enterarnos, cinco días más tarde, que los mercados de títulos estaban comenzando a descontar un default del Tesoro de los Estados Unidos (Financial Times, 15/9), algo sin precedentes.

George (Alfonsín) Bush

Ya nadie discute que la crisis financiera, con epicentro en Estados Unidos, se ha convertido en mundial. El Banco de Inglaterra acaba de salir al rescate de HBOS, el principal prestamista hipotecario, que tiene un agujero de 170.000 millones de dólares entre sus activos y sus pasivos. En China, la Bolsa ha perdido las dos terceras partes desde el pico de su suba, por la simple razón de que sus Fondos hipotecarios se encuentran sobreendeudados y deben enfrentar una crisis inmobiliaria, y de que, por otro lado, se manifiesta una considerable caída de los beneficios industriales. En el caso de Brasil, la salida de capitales se ha convertido en estampida, lo que tirará abajo el edificio caro y artificial de su enorme mercado de créditos al consumo. En Rusia, la Bolsa simplemente debió dejar de operar, como consecuencia de un derrumbe absolutamente extraordinario. Todo sumado, sin embargo, el punto fundamental es que se pone en cuestión la gestión de la crisis por parte del gobierno norteamericano. Las decisiones de nacionalizar grandes franjas del mercado financiero, o de rescatar a algunos bancos pero no a otros, ha sido abiertamente criticada en los círculos más altos de la burguesía. Existe el temor a un desbarranque del dólar - que debería ser la víctima natural de la utilización indiscriminada de recursos de la banca central y del fisco para rescatar a los bancos en quiebra. La necesidad de un endeudamiento público extraordinario para reponer, por parte del Tesoro, las agotadas reservas de la Reserva Federal plantea definitivamente un cambio del conjunto de la gestión de gobierno, porque la crisis financiera se ha convertido en un principio de debacle general. Se perfila para Bush un final a la Alfonsín: a saber, la entrega adelantada del gobierno luego de las elecciones previstas para principios de noviembre.

Una etapa al abismo

Nos encontramos en una nueva etapa de la crisis, pero de características peculiares, porque no ha logrado encontrar sus propios límites. Hasta marzo, cuando quebró Bear and Sterns, e incluso en los meses siguientes, los bancos fueron reduciendo el valor contable de sus activos y anunciando, en forma correspondiente, pérdidas crecientes. Pero sólo en escasa medida liquidaban efectivamente esos activos y contraían efectivamente esas pérdidas. Actuaban con la expectativa de una normalización de la situación y de la posibilidad de evitar la venta con pérdidas gruesas de sus créditos o bonos. El cambio es que ahora no pueden pagar sus deudas sin vender realmente sus activos desvalorizados e incluso vender a pérdida parte de su propio capital (Lehman Brothers había desvalorizado sus activos en los libros a 85 centavos de dólar, pero ahora que los tiene que vender efectivamente, sólo le dan 30 centavos). Los socorros financieros de la Reserva Federal no sirvieron para normalizar nada; por lo tanto, se precipita la bancarrota. Los precios de la propiedad residencial y comercial siguen cayendo; el consumo se contrae, lo mismo que los créditos comerciales. Pero como lo demuestra lo ocurrido en los últimos días, tampoco se ha logrado contener el número o valor de las quiebras, que se van anunciando en cascada. Es toda la gestión de la crisis la que ha entrado en crisis, o sea que está planteada una crisis política en Estados Unidos.
Tanto los bancos que fueron rescatados como aquellos que fueron enviados al matadero son una contraparte de otros protagonistas en el mercado de capitales, sea como prestamistas o prestatarios de capitales, o sea que su suerte afecta a toda otra gama de inversores financieros: el mercado de seguros contra defaults -o sea los que protegen a los títulos públicos o privados contra el incumplimiento del emisor- (está valuado en 62 billones de dólares) es naturalmente la primera víctima de las quiebras bancarias como también de las nacionalizaciones de los bancos - porque muchos de los seguros fueron otorgados por bancos que han quebrado o han sido absorbidos. Pero cuando se le añaden otras operaciones de seguro, como la protección (seguro) de las tasas de interés que han sido pactadas, los valores en juego se estiman en 550 billones de dólares -el equivalente a diez veces el producto bruto mundial. Una ruptura en este mercado, llamado de derivados, entrañaría una completa dislocación de la economía internacional. El frenesí especulativo ha llevado a que la mayor parte de los bancos aparezcan dando protección contra el default, o asegurando los intereses pactados, por títulos que ellos mismos han emitido. Algunos analistas estiman que este entrelazamiento infla en cincuenta veces, por operaciones que se superponen, el capital efectivamente comprometido en estas transacciones. Pero si esto disminuye mucho el saldo neto que está en juego, no es menos cierto que su desarmado es prácticamente imposible sin sucesivas crisis.

Dos caras de la misma moneda

La crisis de la gestión política del derrumbe financiero se manifestó en la decisión de dejar caer a Lehman Brothers, pero apoyar el rescate de Merril Lynch por el Bank of America, o de anunciar que no habría rescate para la aseguradora AIG para acabar metiendo 85 mil millones de dólares a cambio del 75% de su capital. El propósito del rescate como de la quiebra es siempre el mismo: evitar el hundimiento de los acreedores de los bancos siniestrados y el derrumbe del mercado de capitales y de la economía mundial. Por eso la declaración de quiebra de Lehman fue acompañada del anuncio de un financiamiento de la Reserva Federal, como si se tratara de un rescate, para que el remate de sus activos se haga en forma abrupta. Pero el rescate y la quiebra plantean dos gestiones diferentes, aunque con el mismo resultado. El rescate obliga a un banco en quiebra a continuar con operaciones deficitarias, incluso crecientes, nuevamente con la expectativa de una normalización de los mercados. En este caso, crece el tamaño y el alcance de la crisis potencial. Fue lo que hizo Japón, lo cual le ocasionó veinte años (1985-2005) de estancamiento y deflación. La quiebra, por el contrario, pretende cortar de cuajo con la progresión de la crisis, pero desata de inmediato otra crisis, cuyo alcance el poder político no es capaz de prever y cuando lo intuye se ve obligado a recular y a seguir saqueando las finanzas del Estado. El balance entre estas dos perspectivas contradictorias, pero con final idéntico, es decidido por las operaciones anárquicas del mercado. En los últimos días, ellas apuntan a una huída generalizada de las Bolsas y por lo tanto a una crisis financiera que afecta a los capitales industriales y comerciales, o sea al colapso. La crisis de gestión, o sea política, comienza a afectar también a Europa, porque a pesar de su proclamada Unión la gestión de salvataje de las empresas y bancos en crisis o quebrados corre por cuenta de cada estado nacional - no de la llamadas ‘instituciones comunitarias'. En un cierto punto, esto debería llevar a un dislocamiento político e institucional.

No confundir catastrofismo con susto

Los diarios y los comentaristas, tan circunspectos hasta el momento, ahora rivalizan en títulos catastrofistas, pero no son capaces de diseñar una perspectiva. No tienen un análisis catastrofista, simplemente están asustadísimos; el problema no es el ‘viento de cola' o el ‘viento de frente' sino la combinación del derrumbe económico con las crisis políticas. Durante un par de años, el capital desafió a la ley del valor, inflando su valor más allá de su capacidad de reproducción real, pero la ley del valor se ha cobrado la afrenta a un precio enorme. Ha quedado de manifiesto que la ganancia capitalista es un objetivo muy estrecho para desenvolver productivamente la riqueza social acumulada. La crisis mundial plantea la reorganización social general sobre nuevas bases.

¿TE ACORDÁS, CRISTINA?

En septiembre de 2006, Cristina Kirchner estaba fascinada, junto a su marido, por las luminarias de Wall Street.

El matrimonio había ido a tocar la campanita de inauguración de las transacciones en la Bolsa de Nueva York.

Entonces celebraba las faenas de los especuladores internacionales y ni siquiera imaginaba que dos años más tarde estaría, según sus palabras de ahora, "viendo cómo el Primer Mundo se derrumba".

Esta voltereta de opinión es solamente una muestra de la inconsistencia ideológica del oficialismo y de la improvisación que caracteriza a todas su política.

Porque ¿quién no se acuerda cuando en junio pasado se jactó, en Plaza de Mayo, de "que el mundo nos necesita" - mientras que, con la ayuda del Banco Central, aquellos mismos especuladores (del Primer Mundo y del de nuestras fronteras) vaciaban las reservas internacionales de Argentina?

Pero la superficialidad de la Presidenta tiene un propósito definido: ocultar que estamos ante un derrumbe del capitalismo, que es más contundente aún porque tiene su epicentro en el Primer Mundo.

Mientras la Presidenta ironiza frente a las cámaras, todos los medios de prensa coinciden en informar que el gobierno está elaborando ‘planes de emergencia' para hacer frente al derrumbe.
Ese derrumbe es igualmente intenso en Brasil, que asiste a una verdadera sangría de divisas, apenas unos días después que Cristina Kirchner saludara como un ejemplo a los capitalistas vecinos.

El capitalismo "que se derrumba" es el mismo que la Presidenta defiende en Argentina, subsidiando a sus parásitos del transporte y la energía, u otorgándoles privilegios impositivos, en especial cuando se trata del impuesto inmobiliario que deberían pagar los latifundios y los grandes capitales sojeros.

No es un problema de primero o segundo mundo: es el capitalismo, cuya crisis mundial ya se está llevando puestas a sus economías más débiles y en especial a Argentina.

Comprender la naturaleza del ‘derrumbe' en curso es decisivo para las luchas actuales, porque mientras los funcionarios y los capitalistas aseguran que no tienen dinero para aumentar los salarios y el empleo, o contribuir para el gasto y el desarrollo social, al mismo tiempo están sacando la plata del país, vaciando las arcas del Estado y preparando un nuevo colapso económico, probablemente con una mega-devaluación.

Comprender que el derrumbe es capitalista también es importante para ver la inconsistencia de las propuestas centroizquierdistas, que pretenden redistribuir los ingresos sin cuestionar al régimen capitalista que, repetimos, destruye, por medio de la crisis y el derrumbe, las riquezas y recursos necesarios para cualquier redistribución de la riqueza.

¡Pero el Primer Mundo no hace más que seguir los pasos de la Presidenta, pues está nacionalizando empresas para salvar a sus inversores capitalistas de la quiebra, con recursos públicos, como el kirchnerismo hace con Marsans, o incluso con Repsol, a la cual le ha rescatado una parte de su capital por medio de un capitalista amigo!

"El Primer Mundo se derrumba", pero los Kirchner salen en su socorro, ¿o no están pagando la deuda externa que no deja de crecer (utilizando incluso recursos de la Anses y del Banco Nación), y hasta cancelando de una vez las deudas fraudulentas con el Club de París?

El "derrumbe del Primer Mundo" no solamente se va a llevar puestos a los llamados países emergentes, sino más que nada a sus gobiernos.

¿De qué se estará riendo la Presidenta?

El derrumbe del capitalismo mundial agota una tentativa de un cuarto de siglo para devolverle posibilidades de desarrollo, una tentativa cruzada de arrebatamiento de conquistas sociales, de crisis, de guerras, de genocidios y plagada de ‘derrumbes'.

El Primer Mundo es para nosotros, en esta crisis, el proletariado de Estados Unidos y de Europa, que deberá ser sacudido hasta sus cimientos por el derrumbe del capital.

La estrategia obrera y socialista del Partido Obrero se encuentra reivindicada por este derrumbe en toda su dimensión.

lunes, 15 de septiembre de 2008

El matonaje de un gobierno acabado

Son muchos aún los que piensan que el gobierno actual es progresista o nacional. En especial cuando observan a los Cacciatore-Macri, que reduce becas y premia la especulación inmobiliaria; a los Duhalde o incluso a Carrió, que ya ‘prometió' que su candidato porteño va a ser un hijo dilecto del Citibank - el ex Banco Central, Prat Gay.

Pero ese carácter ‘nacional' no solamente lo desmiente el pago ‘cash' al Club de París, que para colmo tiene por objetivo aceitar el financiamiento exterior para la patria contratista nativa -la de los Ciriglianos o Tasellis, entre otros mucho más importantes que ellos.
El gobierno muestra su carácter reaccionario cuando utiliza los poderes del Estado y de los medios de comunicación para desatar una campaña de persecución política contra la izquierda para defender, de nuevo, a Cirigliario -el concesionario de TBA.

Lo mismo ocurre cuando declara zona liberada el área donde está programada una conferencia de prensa del Cuerpo de Delegados del Subte, para que pueda operar con comodidad la barra brava del jefe de la UTA, en este caso para defender a otro concesionario -Benito Roggio.

En el caso del incendio de los trenes del Sarmiento, el gobierno mandó a ejecutar la tarea sucia del macartismo a un profesional en esos menesteres, el ministro Aníbal Fernández, el mismo, sí, que organizó la represión, en 2002, a la manifestación en Puente Pueyrredón, y luego adjudicó el crimen de Kosteki y Santillán a un ‘enfrentamiento entre piqueteros'.

Los familiares y compañeros de Kosteki y Santillán lo siguen considerando uno de los autores político-intelectuales de sus muertes.

Fernández preparó su libreto con el sonriente Massa y se hizo acompañar por Skanska Stornelli, el fiscal que renunció a investigar un desfalco con graves implicancias para el gobierno a cambio de una mesada ministerial.

Pero al cabo de una semana, el provocador Fernández no presentó ninguna prueba de sus acusaciones, mientras en Olavarría se producía otra asonada popular contra una demora ¡de ocho horas! del ‘expreso' Bahía Blanca-Constitución.

El periodista Raúl Kolman reflexionó, por radio, que esta situación exigía el inmediato juicio político al ‘bocón' de Justicia y Seguridad.

In-cues-tio-na-ble-men-te, decimos nosotros y, además, agregamos, el de su cómplice, Massa, jefe de Gabinete, un nacionalista popular de la Ucedé de Alsogaray.

El reclamo de Kolman prueba que la provocación de Fernández-Massa-Stornelli contra la izquierda comenzó a adquirir los contornos de una crisis política.

De todos modos, el gobierno kirchnerista está naufragando bajo el impacto de factores más poderosos.

El default de los gigantes hipotecarios norteamericanos ha desatado un derrumbe financiero mundial y, más modestamente, obligado a la señora Cristina ¡a suspender el pago al Club de París!

¡Que gobierno tan previsor! ¡Que sagacidad la de los opositores que aplaudieron ese desfalco!Peor aún, el default de los yanquis oficializó el derrumbe de Brasil, que sufre una enorme sangría de capitales y que tuvo la mala fortuna de recibir un elogio de la Presidenta en las vísperas del diluvio.

¿Hace falta decir que la caída de la convertibilidad brasileña pondrá un fin definitivo al ‘modelo' agonizante de los kirchneristas?

Una vez más, el capital no tiene salida para los pueblos.

La crisis actual, que no es otra cosa que la crisis de un régimen social que ha impuesto sus leyes en todo el planeta, está generando una onda masiva de desalojos, despidos, pauperización, inseguridad social.

Tenemos que poner fin, políticamente, a las andanzas de pigmeos como los Fernández y los Massa, y conquistar toda la libertad de organización y de acción necesarias para reemplazar al régimen de los explotadores por un régimen de los que viven de su trabajo.