El Partido Obrero repudia el accionar de la justicia, que actúa bajo la férula del gobierno kirchnerista contra los ruralistas. Reclamamos la inmediata libertad de los presos y la anulación de todo proceso, en cualquier lugar del país, contra los piquetes rurales.
Repudiamos también que esta criminalización de la protesta haya alcanzado a dirigentes opositores como Margarita Stolbizer. El Partido Obrero defiende el derecho a la movilización, cuya represión termina siempre afectando a los trabajadores y al conjunto del movimiento popular.
sábado, 31 de mayo de 2008
jueves, 29 de mayo de 2008
Los trabajadores del interior. Sin agua, sin vivienda, carestía, bajos salarios
Las necesidades del pueblo trabajador están ausentes del enfrentamiento entre los ruralistas y el gobierno.El gobierno habla de "redistribuir la riqueza". Esa "redistribución" no se ve en las escuelas. En Pehuajó, las EGB agrarias fueron cerradas y otros establecimientos carecen de gas. En Junín, algunas escuelas tuvieron que movilizarse para conseguir un lugar donde funcionar. En 25 de Mayo, las escuelas, especialmente las agrarias, están desmanteladas mientras se restringen los cupos alimentarios. En Tandil faltan escuelas primarias y jardines de infantes. ¿Y los hospitales? Pehuajó está desprovista de atención de agudos y de medicina compleja. En Junín están despidiendo médicos. ¿Y la vivienda? El Plan Federal está detenido, no hay planes de vivienda sociales y crece el déficit habitacional. Los ruralistas dicen que "si le va bien al campo nos va bien a todos". Pero la "bonanza" no la ve el peón rural, que trabaja bajo una ley de la época de la dictadura o directamente en negro, con salarios que no superan los 1.000 pesos. La tecnificación del campo desplazó mano de obra. Las pequeñas dotaciones que aún quedan son sometidas a jornadas extenuantes y a un trabajo insalubre en contacto con agroquímicos y herbicidas. Tampoco le ha llegado los trabajadores de la ciudad, ya que los precios de las propiedades y los alquileres se han disparado por la especulación inmobiliaria. Los valores son similares a los de ciudades como La Plata o Buenos Aires. Destruyen el medio ambiente. En Pehuajó, el agua no logra potabilizarse por la presencia de arsénico. La presencia de agroquímicos en el suelo y en el aire está produciendo enfermedades de piel y cáncer. En Arrecifes, los pobladores son víctimas de los desechos de los frigoríficos. En Pringles y Trenque Lauquen hay denuncias contra empresas fumigadoras que tienen galpones de almacenamiento en la ciudad (en Pringles, a metros del hospital) y que lavan sus aviones y camiones en los arroyos de la zona.En plena prosperidad, los trabajadores de las ciudades del interior de Buenos Aires están soportando grandes penurias. Junín está recorrida por reclamos salariales, emperezando por los municipales a los que el radical K Meoni paga un básico de 520 pesos. En Coronel Suárez, los municipales han sido protagonistas de una lucha en reclamo de aumento de salarios (apenas superan los niveles de indigencia). Los obreros frigoríficos de Salto, Arrecifes o Junín son suspendidos, desconociendo la garantía horaria, cuando hay problemas con la faena. La patronal terminó pactando con la complicidad del sindicato un 20% de aumento, ignorando el reclamo general de un 30%. Frente a esta situación, llamamos a hacer oír nuestra voz, hacer emerger una tercera posición, que represente al pueblo, a los trabajadores de la ciudad y el campo. Ponemos a consideración el siguiente programa, que inscribimos en la lucha por una salida obrera a la crisis actual:
Anulación de Estatuto del Peón Rural videliano. Por convenciones colectivas de trabajo, con paritarios elegidos en asamblea que establezcan el básico acordecon la canasta familiar, ajustable según el costo de vida; que se dé carácter insalubre a las tareas en contacto con agroquímicos.
Por una bolsa de trabajo controlada por los trabajadores. Prohibición del trabajo en negro. Jornada de 8 horas.
Comisiones de Control integradas por trabajadores y asambleas de vecinos en torno al uso del agua y de los agroquímicos.
Construcción inmediata del sistema de potabilización y suministro del agua para toda la población, sobre la base de un impuesto extraordinario a las patronales agrícolas e industriales.
Impuesto progresivo a las grandes fortunas y empresas: pulpos exportadores, supermercados y la agroindustria.
Aumento del impuesto inmobiliario rural acorde con la cotización de las tierras en el mercado.
Plan de viviendas estatal y urbanización para solucionar el déficit habitacional.
Nacionalización de los pulpos, las grandes explotaciones agrarias y el comercio exterior.
Asamblea popular con representantes electos para discutir un plan de reorganización de cada una de las localidades, que privilegie las necesidades populares y la defensa del medio ambiente.
Un plan de estas características permitirá avanzar en un uso racional y armónico de la tierra y aprovechar sus recursos para encarar una industrialización del distrito.
Pablo Heller
Anulación de Estatuto del Peón Rural videliano. Por convenciones colectivas de trabajo, con paritarios elegidos en asamblea que establezcan el básico acordecon la canasta familiar, ajustable según el costo de vida; que se dé carácter insalubre a las tareas en contacto con agroquímicos.
Por una bolsa de trabajo controlada por los trabajadores. Prohibición del trabajo en negro. Jornada de 8 horas.
Comisiones de Control integradas por trabajadores y asambleas de vecinos en torno al uso del agua y de los agroquímicos.
Construcción inmediata del sistema de potabilización y suministro del agua para toda la población, sobre la base de un impuesto extraordinario a las patronales agrícolas e industriales.
Impuesto progresivo a las grandes fortunas y empresas: pulpos exportadores, supermercados y la agroindustria.
Aumento del impuesto inmobiliario rural acorde con la cotización de las tierras en el mercado.
Plan de viviendas estatal y urbanización para solucionar el déficit habitacional.
Nacionalización de los pulpos, las grandes explotaciones agrarias y el comercio exterior.
Asamblea popular con representantes electos para discutir un plan de reorganización de cada una de las localidades, que privilegie las necesidades populares y la defensa del medio ambiente.
Un plan de estas características permitirá avanzar en un uso racional y armónico de la tierra y aprovechar sus recursos para encarar una industrialización del distrito.
Pablo Heller
Un programa frente a la pobreza
La carestía y el achicamiento del gasto "social" están creando una situación explosiva en las barriadas obreras del GBA.
En cualquier distrito, el 90% de las escuelas primarias tienen comedores, con auxiliares responsables de hacer la comida o distribuirla (organizados en ATE o Soeme) sobre la base de las entregas que realizan las empresas concesionarias contratadas por los consejos escolares con los fondos provistos por la provincia. El presupuesto existente es una radiografía del abandono social: 1,70 pesos por comida (poco más de medio dólar) y 0,60 por la copa de leche, a la que se llama merienda reforzada. Una dieta equilibrada multiplicaría esos valores varias veces. Pero no es el único dato del desamparo: el gobierno de la provincia de Buenos Aires eliminó a partir de 2008 el plato de comida para la ESB (Escuela Secundaria Básica, que es, por otra parte, donde se registran los mayores niveles de deserción) y el Polimodal.
¿Algo más? Sí. La ausencia (deliberada) de jardines maternales para cinco o menos años. Barriadas enteras carecen de ellos.
Impulsemos:
● Comedores escolares y municipales con el personal necesario para su atención. Reapertura de los comedores en la ESB y el Polimodal.
● Menú con dietas por edad suministradas por la Facultad de Medicina.
● Control de los comedores escolares y municipales por comisiones electas y revocables de docentes, padres y vecinos, electos en cada establecimiento o barrio.
● Censo nutricional y de contaminación industrial de la población infantil y adolescente con centro en los colegios. Restablecimiento y ampliación de la vacunación en las escuelas.
● Censo para confeccionar un padrón de todas las familias afectadas por desocupación y situación de pobreza y entrega inmediata de un subsidio equivalente al salario de pobreza (982 pesos), no la tarjeta por los ignominiosos 110 pesos.
● Jardines maternales gratuitos desde los 45 días, con atención hasta las 20 horas, a razón de uno cada cuatro manzanas. Entretanto, subsidios para acceder a los privados.
● Trabajo efectivo a todos los desocupados para las obras elementales de urbanización.
● Salario igual a la canasta familiar, reapertura de las paritarias (como lo acaban de reclamar los estatales de la provincia).
● Garrafas gratuitas para toda familia por debajo de los niveles de pobreza.
● Asambleas populares para aprobar un plan de lucha en defensa propia, de nuestros pibes y las familias trabajadoras.
Christian Rath
En cualquier distrito, el 90% de las escuelas primarias tienen comedores, con auxiliares responsables de hacer la comida o distribuirla (organizados en ATE o Soeme) sobre la base de las entregas que realizan las empresas concesionarias contratadas por los consejos escolares con los fondos provistos por la provincia. El presupuesto existente es una radiografía del abandono social: 1,70 pesos por comida (poco más de medio dólar) y 0,60 por la copa de leche, a la que se llama merienda reforzada. Una dieta equilibrada multiplicaría esos valores varias veces. Pero no es el único dato del desamparo: el gobierno de la provincia de Buenos Aires eliminó a partir de 2008 el plato de comida para la ESB (Escuela Secundaria Básica, que es, por otra parte, donde se registran los mayores niveles de deserción) y el Polimodal.
¿Algo más? Sí. La ausencia (deliberada) de jardines maternales para cinco o menos años. Barriadas enteras carecen de ellos.
Impulsemos:
● Comedores escolares y municipales con el personal necesario para su atención. Reapertura de los comedores en la ESB y el Polimodal.
● Menú con dietas por edad suministradas por la Facultad de Medicina.
● Control de los comedores escolares y municipales por comisiones electas y revocables de docentes, padres y vecinos, electos en cada establecimiento o barrio.
● Censo nutricional y de contaminación industrial de la población infantil y adolescente con centro en los colegios. Restablecimiento y ampliación de la vacunación en las escuelas.
● Censo para confeccionar un padrón de todas las familias afectadas por desocupación y situación de pobreza y entrega inmediata de un subsidio equivalente al salario de pobreza (982 pesos), no la tarjeta por los ignominiosos 110 pesos.
● Jardines maternales gratuitos desde los 45 días, con atención hasta las 20 horas, a razón de uno cada cuatro manzanas. Entretanto, subsidios para acceder a los privados.
● Trabajo efectivo a todos los desocupados para las obras elementales de urbanización.
● Salario igual a la canasta familiar, reapertura de las paritarias (como lo acaban de reclamar los estatales de la provincia).
● Garrafas gratuitas para toda familia por debajo de los niveles de pobreza.
● Asambleas populares para aprobar un plan de lucha en defensa propia, de nuestros pibes y las familias trabajadoras.
Christian Rath
Pobreza: Peor que en 2001
El debate sobre el aumento de la pobreza y la indigencia está ocultando, al menos, tres cuestiones clave.
En el mejor de los casos, el gobierno "nacional y popular" jamás pudo hacer retroceder la pobreza y la indigencia a los mejores niveles de las décadas precedentes. La pobreza y la indigencia están prácticamente al nivel de 1998 (24%) y bien por detrás de las de 1974 (4,7%). Esto sobre la base del Indek (978 pesos para la canasta básica).
Pero si se adoptan los 1.435 pesos de costo de la canasta básica calculados por Equis u otras consultoras, la pobreza real está en el orden del 30%: "El ingreso de las familias pobres debería aumentar en promedio un 133% para que puedan salir de esa condición". La población pobre en la Argentina era el 4,7% del total en 1974; del 16,1% a mediados de la década del '90 y del 24 en 1998.
Quiénes son los nuevos pobres
Según un estudio, el 38,8% de los ocupados tienen hoy un salario por debajo del mínimo (980 pesos). Si se toman los 1.435 pesos de la canasta básica y se los cruza con los números oficiales del mapa salarial "el 80% de los trabajadores trabaja en sectores cuyo salario promedio está por debajo de la línea de pobreza" (Clarín, 22/5).
Es decir, no sólo los desocupados, jubilados o poseedores de un plan social son pobres. También los ocupados. El 40% de trabajo en negro es lo que la burguesía reclama para conservar su "competitividad" en los mercados internacionales.
Lo que viene
Lo más fuerte, sin embargo, está por venir.
El acuerdo del gobierno con la patronal agraria va a significar aumentos de precios.El gobierno prepara, a la vez, un aumento de las tarifas de gas y luz; por eso vuelve a hablarse de la tarifa "social".
De conjunto esto significa más carestía, reducción de los gastos sociales, destrucción de la salud y educación públicas. El gobierno bonaerense acaba de reconocer que en la provincia hay un millón de niños que viven en situación de pobreza, la mitad de los cuales no estudian ni trabajan (El Día, 22/5).
El gobierno, sin embargo, no tendría entre sus planes aumentar el salario mínimo. "De los números oficiales surgiría que en la próxima reunión del Consejo del Salario - que se estima tendrá lugar en junio- casi no habría que ajustar el salario mínimo. Hoy su valor es de 980 pesos... la línea de pobreza familiar, para el Indec, a abril, fue de 987 pesos" (Clarín, 11/5). ¡Qué tal!
Christian Rath
En el mejor de los casos, el gobierno "nacional y popular" jamás pudo hacer retroceder la pobreza y la indigencia a los mejores niveles de las décadas precedentes. La pobreza y la indigencia están prácticamente al nivel de 1998 (24%) y bien por detrás de las de 1974 (4,7%). Esto sobre la base del Indek (978 pesos para la canasta básica).
Pero si se adoptan los 1.435 pesos de costo de la canasta básica calculados por Equis u otras consultoras, la pobreza real está en el orden del 30%: "El ingreso de las familias pobres debería aumentar en promedio un 133% para que puedan salir de esa condición". La población pobre en la Argentina era el 4,7% del total en 1974; del 16,1% a mediados de la década del '90 y del 24 en 1998.
Quiénes son los nuevos pobres
Según un estudio, el 38,8% de los ocupados tienen hoy un salario por debajo del mínimo (980 pesos). Si se toman los 1.435 pesos de la canasta básica y se los cruza con los números oficiales del mapa salarial "el 80% de los trabajadores trabaja en sectores cuyo salario promedio está por debajo de la línea de pobreza" (Clarín, 22/5).
Es decir, no sólo los desocupados, jubilados o poseedores de un plan social son pobres. También los ocupados. El 40% de trabajo en negro es lo que la burguesía reclama para conservar su "competitividad" en los mercados internacionales.
Lo que viene
Lo más fuerte, sin embargo, está por venir.
El acuerdo del gobierno con la patronal agraria va a significar aumentos de precios.El gobierno prepara, a la vez, un aumento de las tarifas de gas y luz; por eso vuelve a hablarse de la tarifa "social".
De conjunto esto significa más carestía, reducción de los gastos sociales, destrucción de la salud y educación públicas. El gobierno bonaerense acaba de reconocer que en la provincia hay un millón de niños que viven en situación de pobreza, la mitad de los cuales no estudian ni trabajan (El Día, 22/5).
El gobierno, sin embargo, no tendría entre sus planes aumentar el salario mínimo. "De los números oficiales surgiría que en la próxima reunión del Consejo del Salario - que se estima tendrá lugar en junio- casi no habría que ajustar el salario mínimo. Hoy su valor es de 980 pesos... la línea de pobreza familiar, para el Indec, a abril, fue de 987 pesos" (Clarín, 11/5). ¡Qué tal!
Christian Rath
“Queremos una Argentina exportadora”. El programa del chacarero De Angeli
El Instituto de Tecnología Industrial acaba de sacar una gacetilla sobre la crisis agropecuaria harto interesante. Dice que "el capitalismo, sobre todo el capitalismo globalizado, está lleno de ejemplos de cadenas de valor con eslabones fuertemente dominantes, que se apropian groseramente de la mayoría de la renta generada. La maquila mejicana, los sistemas textiles de toda Asia, buena parte de Europa del este funcionan así... El actual modo de producción agropecuario en la Argentina no difiere cualitativamente de la maquila mejicana... Los monopolios (de insumos, de comercialización interna e internacional) y el gran capital financiero sumado como inversor, dan una tajada al dueño de la tierra y el resto (los pequeños propietarios o arrendatarios o contratistas) se adapta...; lo cual implica trasladar el problema a los aún más débiles: los trabajadores rurales, que penan sin salarios dignos y sin cobertura social en su gran mayoría".
O sea que el campo argentino es una ensambladora o armaduría, una suerte de vientre alquilado. No es cierto que verifique un proceso industrializador, porque no tiene el monopolio de los insumos ni la propiedad intelectual de la maquinaria. La gran industria no explota directamente el campo, sino que terceriza esa explotación con propietarios o arrendatarios. Pues bien, esos tercerizados, nucleados en las cuatro entidades y en autoconvocados, no reclaman la independencia del proceso productivo de los monopolios sino que defienden su parte de los beneficios a costa de los consumidores. Dice el Inti que "llamativamente, en ningún caso la característica operativa predominante es el conflicto al interior de la cadena...". El eslabón intermedio de la cadena, el chacarero capitalista, se solidariza con las dos puntas del ciclo, contra los consumidores nacionales e internacionales. El gobierno "nacional y popular", al cual reporta el Inti, es otro de los eslabones de esa misma cadena, pero se conforma con acaparar una parte de sus beneficios en forma de impuestos. La gacetilla de Inti le recomienda que compre y venda insumos, que compre y venda granos y hasta que produzca las semillas; o sea, que intervenga en todo el ciclo productivo. Pero se cuida de usar la palabra estatización o expropiación, lo cual supone que le recomienda competir con los pulpos. Se trata de una recomendación absurda, porque es más cara y más incierta que dedicarse a recolectar retenciones. La nacionalización del proceso agropecuario es la única vía, en las condiciones actuales del capital mundial, para transformar al campo en una industria.
Para un columnista agropecuario de La Nación (24/5), por otro lado, la renta agraria es un mito; los mayores beneficios del campo obedecen al valor agregado por una enorme inversión en tecnología. Privar a los capitalistas agrarios de esos beneficios es matar la innovación técnica, dice, y de ningún modo castigar el parasitismo del propietario de la tierra. Al igual que la gacetilla del Inti, La Nación opina "que en las últimas décadas la producción agropecuaria se ha hecho crecientemente fuera de la tierra". Es decir que el suelo sería el receptáculo de procesos industriales; la renta de la tierra dejaría de existir, todo el excedente económico sería un beneficio obtenido por el capitalista. En una mesa redonda reciente, un representante de la Federación Agraria defendió a muerte a los pool de siembra, precisamente porque son los introductores de las nuevas tecnologías.
El precio de la tierra, que no es otra cosa que la capitalización de la renta que deja, ha aumentado, sin embargo, en un 1.000% en menos de una década; según la zona, va de 4.000 a 15 mil dólares la hectárea en las áreas sojeras de Estados Unidos, Brasil y Argentina. Los capitalistas que arriendan tierra para producir deben oblar una renta al propietario proporcional a ese precio de venta. No hemos llegado todavía a la eutanasia del rentista; para que ello ocurra el beneficio del capital aplicado al campo debería caer por debajo del beneficio del capital medio de la industria. Esto supone una sobreproducción agraria e incluso una sobreoferta de tierras próximas a las ciudades para fines inmobiliarios. No es esta la situación actual: la renta del suelo y los rentistas siguen vivos y coleando.
Es cierto, por supuesto, que la propiedad del suelo se encuentra relegada frente al capital financiero aplicado al campo, desde los fertilizantes y semillas hasta la comercialización y el ‘trading', pasando por la siembra, cuidado y cosecha. Como informa The Wall Street Journal (28/3): "Los ganadores del alza en el precio de los alimentos son los fabricantes de fertilizantes... Los agricultores dicen que demasiado poder se concentra en las manos de un pequeño grupo de compañías de EEUU, Canadá y Rusia, que dominan la producción de potasio y fosfato... los ingredientes principales del fertilizante". En Argentina la industria está controlada por Repsol y la candiense Agrium, mientras que la producción de herbicidas y las semillas modificadas es controlada por Monsanto. Esto quiere decir que una baja de las retenciones a las exportaciones no redundaría en mayores beneficios para los chacareros sino, en este caso, para la industria química y petroquímica extranjera, y para los fondos de inversión que controlan sus capitales.
La aplicación de nuevas tecnologías por parte del capital financiero, sin embargo, explica solamente una parte de los beneficios extraordinarios de la producción de alimentos, porque ese beneficio extraordinario no sale de una mayor productividad sino principalmente del crecimiento de los precios. Es el crecimiento de los precios de los alimentos - en el orden del ciento por ciento en un año- , y no la mayor productividad, lo que explica el 90 por ciento de crecimiento de los beneficios. Pero esta suba de los precios no es el resultado de un aumento equivalente de la demanda, que nunca hubiera podido subir en esa proporción en el lapso de una cosecha, en ausencia de desastres climáticos. La mayor parte del superbeneficio agrícola tiene su causa en la especulación financiera, como resultado del exceso de capitales financieros que no encuentran otras aplicaciones rentables. Precisamente por eso el beneficio extraordinario no ha ido a parar a los bolsillos de los chacareros o farmers, sino a los fondos de inversiones. Los altos beneficios del capital especulativo operan como un promedio para el conjunto del gran capital, lo que explica los grandes beneficios de la gran industria aplicada al campo y el encarecimiento de los insumos agrarios.
Lo que resulta de aquí es que el modelo capitalista exportador que ofreció De Angeli en Rosario, no solamente desnuda el carácter social o de clase del movimiento agrario de las ‘cuatro entidades'. No aporta a la industrialización ni a la autonomía nacionales: es un ‘modelo' de sometimiento al capital financiero. Es el ‘modelo' que ha convertido a la mayor parte de las agriculturas nacionales en agriculturas de exportación, con la consiguiente expulsión de los campesinos multi-cultivos y el consiguiente crecimiento de la vulnerabilidad de los consumidores de todas las naciones y de la monopolización financiera del mercado agrícola internacional.
Jorge Altamira
O sea que el campo argentino es una ensambladora o armaduría, una suerte de vientre alquilado. No es cierto que verifique un proceso industrializador, porque no tiene el monopolio de los insumos ni la propiedad intelectual de la maquinaria. La gran industria no explota directamente el campo, sino que terceriza esa explotación con propietarios o arrendatarios. Pues bien, esos tercerizados, nucleados en las cuatro entidades y en autoconvocados, no reclaman la independencia del proceso productivo de los monopolios sino que defienden su parte de los beneficios a costa de los consumidores. Dice el Inti que "llamativamente, en ningún caso la característica operativa predominante es el conflicto al interior de la cadena...". El eslabón intermedio de la cadena, el chacarero capitalista, se solidariza con las dos puntas del ciclo, contra los consumidores nacionales e internacionales. El gobierno "nacional y popular", al cual reporta el Inti, es otro de los eslabones de esa misma cadena, pero se conforma con acaparar una parte de sus beneficios en forma de impuestos. La gacetilla de Inti le recomienda que compre y venda insumos, que compre y venda granos y hasta que produzca las semillas; o sea, que intervenga en todo el ciclo productivo. Pero se cuida de usar la palabra estatización o expropiación, lo cual supone que le recomienda competir con los pulpos. Se trata de una recomendación absurda, porque es más cara y más incierta que dedicarse a recolectar retenciones. La nacionalización del proceso agropecuario es la única vía, en las condiciones actuales del capital mundial, para transformar al campo en una industria.
Para un columnista agropecuario de La Nación (24/5), por otro lado, la renta agraria es un mito; los mayores beneficios del campo obedecen al valor agregado por una enorme inversión en tecnología. Privar a los capitalistas agrarios de esos beneficios es matar la innovación técnica, dice, y de ningún modo castigar el parasitismo del propietario de la tierra. Al igual que la gacetilla del Inti, La Nación opina "que en las últimas décadas la producción agropecuaria se ha hecho crecientemente fuera de la tierra". Es decir que el suelo sería el receptáculo de procesos industriales; la renta de la tierra dejaría de existir, todo el excedente económico sería un beneficio obtenido por el capitalista. En una mesa redonda reciente, un representante de la Federación Agraria defendió a muerte a los pool de siembra, precisamente porque son los introductores de las nuevas tecnologías.
El precio de la tierra, que no es otra cosa que la capitalización de la renta que deja, ha aumentado, sin embargo, en un 1.000% en menos de una década; según la zona, va de 4.000 a 15 mil dólares la hectárea en las áreas sojeras de Estados Unidos, Brasil y Argentina. Los capitalistas que arriendan tierra para producir deben oblar una renta al propietario proporcional a ese precio de venta. No hemos llegado todavía a la eutanasia del rentista; para que ello ocurra el beneficio del capital aplicado al campo debería caer por debajo del beneficio del capital medio de la industria. Esto supone una sobreproducción agraria e incluso una sobreoferta de tierras próximas a las ciudades para fines inmobiliarios. No es esta la situación actual: la renta del suelo y los rentistas siguen vivos y coleando.
Es cierto, por supuesto, que la propiedad del suelo se encuentra relegada frente al capital financiero aplicado al campo, desde los fertilizantes y semillas hasta la comercialización y el ‘trading', pasando por la siembra, cuidado y cosecha. Como informa The Wall Street Journal (28/3): "Los ganadores del alza en el precio de los alimentos son los fabricantes de fertilizantes... Los agricultores dicen que demasiado poder se concentra en las manos de un pequeño grupo de compañías de EEUU, Canadá y Rusia, que dominan la producción de potasio y fosfato... los ingredientes principales del fertilizante". En Argentina la industria está controlada por Repsol y la candiense Agrium, mientras que la producción de herbicidas y las semillas modificadas es controlada por Monsanto. Esto quiere decir que una baja de las retenciones a las exportaciones no redundaría en mayores beneficios para los chacareros sino, en este caso, para la industria química y petroquímica extranjera, y para los fondos de inversión que controlan sus capitales.
La aplicación de nuevas tecnologías por parte del capital financiero, sin embargo, explica solamente una parte de los beneficios extraordinarios de la producción de alimentos, porque ese beneficio extraordinario no sale de una mayor productividad sino principalmente del crecimiento de los precios. Es el crecimiento de los precios de los alimentos - en el orden del ciento por ciento en un año- , y no la mayor productividad, lo que explica el 90 por ciento de crecimiento de los beneficios. Pero esta suba de los precios no es el resultado de un aumento equivalente de la demanda, que nunca hubiera podido subir en esa proporción en el lapso de una cosecha, en ausencia de desastres climáticos. La mayor parte del superbeneficio agrícola tiene su causa en la especulación financiera, como resultado del exceso de capitales financieros que no encuentran otras aplicaciones rentables. Precisamente por eso el beneficio extraordinario no ha ido a parar a los bolsillos de los chacareros o farmers, sino a los fondos de inversiones. Los altos beneficios del capital especulativo operan como un promedio para el conjunto del gran capital, lo que explica los grandes beneficios de la gran industria aplicada al campo y el encarecimiento de los insumos agrarios.
Lo que resulta de aquí es que el modelo capitalista exportador que ofreció De Angeli en Rosario, no solamente desnuda el carácter social o de clase del movimiento agrario de las ‘cuatro entidades'. No aporta a la industrialización ni a la autonomía nacionales: es un ‘modelo' de sometimiento al capital financiero. Es el ‘modelo' que ha convertido a la mayor parte de las agriculturas nacionales en agriculturas de exportación, con la consiguiente expulsión de los campesinos multi-cultivos y el consiguiente crecimiento de la vulnerabilidad de los consumidores de todas las naciones y de la monopolización financiera del mercado agrícola internacional.
Jorge Altamira
Rosario: Un acto patronal
"Los pueblos están sufriendo/ porque sufre su patrón".
Las décimas del "pampa" Cruz, el payador que precedió a los oradores de Rosario, sintetizó mejor que nadie el contenido de la tribuna levantada junto al monumento a la bandera. De Angeli dijo que "no queremos un país de pobres, queremos un país de exportadores". El chacarero finge desconocer que ese ‘modelo de país' no es otra cosa que el monopolio de un grupo de cerealeras y de ‘tradings', y el dominio de los fondos de inversiones y de coberturas que manejan los mercados financieros a término. No dijo una palabra del monopolio estatal del comercio exterior.
Cuando Buzzi contradijo a De Angeli, recordando a "las exportadoras que ganan fortunas", se cuidó muy bien de proponer cualquier cosa contra ellas. El dirigente de la FAA retomó la postura de regatear a los pulpos una porción del superbeneficio que extraen a los trabajadores y a los consumidores.
Una columna de Uatre, encabezada por el burócrata sindical Venegas, siguió las alternativas del acto. Pero la situación de los peones rurales, que soportan una legislación laboral videliana, no tuvo ninguna mención en el palco de las "entidades".
El presidente de la Rural, Luciano Miguens, criador de caballos de polo, reclamó contra el "olvido de un país federal", con la única finalidad de no pagar retenciones. Pero en el país federal de Miguens, los latifundistas tributan el inmobiliario rural a las provincias por la ochentava parte del precio de mercado de la tierra. El ‘federalismo' del latifundio ha construido el atraso argentino.
Llambías, el presidente de la CRA, dijo que "nosotros no somos la Unión Democrática, pero la pareja gobernante no es Perón y Evita". No es la primera vez, sin embargo, que la derecha latifundista quiere meter la mano en la interna peronista, en especial luego del éxito descomunal que tuvo en los '90 con los Menem y los Kirchner. Llambías acertó al marcar los límites brutales del nacionalismo "k".
En este acto de todos hubo gestos hacia todas las clases, menos hacia el obrero rural; nadie habló de los salarios y del trabajo en negro.
Del principio hasta el fin, el acto de Rosario tuvo un contenido abiertamente patronal.
Marcelo Ramal
Las décimas del "pampa" Cruz, el payador que precedió a los oradores de Rosario, sintetizó mejor que nadie el contenido de la tribuna levantada junto al monumento a la bandera. De Angeli dijo que "no queremos un país de pobres, queremos un país de exportadores". El chacarero finge desconocer que ese ‘modelo de país' no es otra cosa que el monopolio de un grupo de cerealeras y de ‘tradings', y el dominio de los fondos de inversiones y de coberturas que manejan los mercados financieros a término. No dijo una palabra del monopolio estatal del comercio exterior.
Cuando Buzzi contradijo a De Angeli, recordando a "las exportadoras que ganan fortunas", se cuidó muy bien de proponer cualquier cosa contra ellas. El dirigente de la FAA retomó la postura de regatear a los pulpos una porción del superbeneficio que extraen a los trabajadores y a los consumidores.
Una columna de Uatre, encabezada por el burócrata sindical Venegas, siguió las alternativas del acto. Pero la situación de los peones rurales, que soportan una legislación laboral videliana, no tuvo ninguna mención en el palco de las "entidades".
El presidente de la Rural, Luciano Miguens, criador de caballos de polo, reclamó contra el "olvido de un país federal", con la única finalidad de no pagar retenciones. Pero en el país federal de Miguens, los latifundistas tributan el inmobiliario rural a las provincias por la ochentava parte del precio de mercado de la tierra. El ‘federalismo' del latifundio ha construido el atraso argentino.
Llambías, el presidente de la CRA, dijo que "nosotros no somos la Unión Democrática, pero la pareja gobernante no es Perón y Evita". No es la primera vez, sin embargo, que la derecha latifundista quiere meter la mano en la interna peronista, en especial luego del éxito descomunal que tuvo en los '90 con los Menem y los Kirchner. Llambías acertó al marcar los límites brutales del nacionalismo "k".
En este acto de todos hubo gestos hacia todas las clases, menos hacia el obrero rural; nadie habló de los salarios y del trabajo en negro.
Del principio hasta el fin, el acto de Rosario tuvo un contenido abiertamente patronal.
Marcelo Ramal
Ni con el gobierno ni con las entidades patronales “del campo”
El titulo de la nota es también el que encabeza una declaración de intelectuales y que reúne doscientas adhesiones. "La disputa entre el gobierno nacional y las entidades patronales ‘del campo' -señala de entrada el pronunciamiento- es una pelea entre dos sectores capitalistas que defienden intereses completamente ajenos a los trabajadores". Los firmantes impugnan la pretensión de presentar a las retenciones como una política de redistribución de los ingresos, asi como la naturaleza igualmente gran-capitalista del reclamo de los "ruralistas", que sólo puede derivar en mayor carestía y empobrecimiento para el pueblo trabajador. La declaración concluye señalando la necesidad de plantear en esta situación una "salida independiente de los trabajadores" y para eso revivindica la nacionalización de la gran propiedad agraria, de las grandes exportadoras y de los puertos privatizados, la nacionalización bajo control de los trabajadores de la banca y del comercio exterior. En la misma línea se reclama la derogación de la ley videlista que permite la superexplotación del peón rural y la defensa de las condiciones de vida de los trabajadores, comenzando por el aumento de emergencia de los salarios y su ajuste automático con la inflación.
En un terreno dominado las últimas semanas por una adhesión abierta de figuras e intelectuales "progresistas" al gobierno kirchnerista, el pronunciamiento aún meramente declarativo, establece una clara delimitación política, con la adhesión de diversas personalidades de la izquierda. Entre quienes firman se encuentra el escritor Andrés Rivera, el historiador Alberto Plá, el periodista Herman Schiller, los profesores Jorge Panesi - director de la carrera de Letras en la UBA- Carlos Mangone, Néstor Kohan, Pablo Pozzi y Alberto Bonnet, entre otros. Son numerosas también las firmas de militantes destacados en el ámbito universitario o de la cultura, y de diversas agrupaciones universitarias o culturales (Dialektika, Amauta) y también de dirigentes de organizaciones sindicales (Conaduh, Sociedad de Escritores Argentinos) y políticas, como es el caso del Partido Obrero y el PTS.
En un terreno dominado las últimas semanas por una adhesión abierta de figuras e intelectuales "progresistas" al gobierno kirchnerista, el pronunciamiento aún meramente declarativo, establece una clara delimitación política, con la adhesión de diversas personalidades de la izquierda. Entre quienes firman se encuentra el escritor Andrés Rivera, el historiador Alberto Plá, el periodista Herman Schiller, los profesores Jorge Panesi - director de la carrera de Letras en la UBA- Carlos Mangone, Néstor Kohan, Pablo Pozzi y Alberto Bonnet, entre otros. Son numerosas también las firmas de militantes destacados en el ámbito universitario o de la cultura, y de diversas agrupaciones universitarias o culturales (Dialektika, Amauta) y también de dirigentes de organizaciones sindicales (Conaduh, Sociedad de Escritores Argentinos) y políticas, como es el caso del Partido Obrero y el PTS.
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